VIDA COTIDIANA

Los viajes en el mundo del Nuevo TestamentoHechos 27: 2

Los antiguos viajaban por muchas razones, de las cuales la más común era el comercio (Apoc. 18: 11-18). Las fuentes literarias y las monedas encontradas confirman que los comerciantes grecorromanos llegaron hasta la India, en el este, y hasta el norte de Europa. Los viajes eran esenciales no solo para los comerciantes sino también para embajadores y funcionarios gubernamentales, y para quienes buscaban trabajo como maestros, médicos, artesanos, músicos, atletas, astrólogos y jornaleros agrícolas estacionales. Otras personas asistían a festivales religiosos como los eventos panhelenísticos que atraían a atletas, entrenadores y decenas de miles de espectadores. Las expediciones, como la que se relata en la saga de las Argonáuticas (s. III a. C.), tenían la misión de explorar y descubrir nuevas tierras. Los jóvenes romanos de clase alta a menudo se trasladaban a centros importantes como Atenas, Alejandría o Rodas para estudiar con eruditos de renombre.

El turismo existía incluso en el Mundo Antiguo, como lo demuestran los grafitis en las tumbas reales de Tebas y otros sitios importantes. Un destino favorito eran las pirámides de Egipto. Otros viajaban a Atenas, para quienes Pausanias preparó una guía turística. Y otros viajaban a Roma para ver sus edificios y monumentos antiguos. Los principales centros contaban con guías turísticos profesionales. En otros lugares, los sacerdotes a menudo desempeñaban ese papel.

Para la época del Nuevo Testamento, el Imperio romano había creado un asombroso sistema de ochenta y cinco mil kilómetros de carreteras que se extendían desde Escocia hasta Mesopotamia. Algunas partes todavía están en uso hoy. Las personas que viajaban por esas carreteras llevaban sus propios suministros. Los ricos llevaban una cantidad considerable de equipaje, utensilios de cocina y otros equipos de viaje, así como varios esclavos y animales de carga.

La gente podía alojarse en una de las posadas a lo largo de las carreteras. Había mapas similares a las guías de carreteras actuales, que ayudaban a los viajeros a saber dónde detenerse. Lamentablemente, muchas posadas adquirieron la mala reputación de ser administradas por posaderos deshonestos, a veces en connivencia con ladrones y prostitutas. Esa es una de las razones por las que el Nuevo Testamento considera la hospitalidad como una virtud (cf. Heb. 13: 2; 3 Juan 5; Did. 11-13). Muchas sinagogas tenían habitaciones para huéspedes. Pero a falta de mejores opciones, los viajeros a menudo dormían al costado del camino, ya sea bajo el cielo abierto o en tiendas.

Dependiendo del terreno y las condiciones de la carretera, los que viajaban a pie podían hacer un promedio de 30 kilómetros por día. Siempre que fuera posible, los habitantes del Imperio romano preferían viajar por mar, ya que era más barato y menos cansador que los viajes por tierra. Una familia podía comprar su pasaje a Alejandría por dos dracmas. Cada pasajero tenía que llevar su propia comida o comprar provisiones cada vez que el barco se detenía en un puerto. Los pocos camarotes que había a bordo eran para la tripulación, así que los pasajeros dormían en la cubierta. Los barcos trataban de seguir la línea costera en lugar de avanzar en línea recta por mar abierto, lo que lentificaba los viajes. Dado que los viajes por mar dependían de la dirección del viento, un viaje de Roma a Alejandría podía realizarse en unos diez días, pero el regreso generalmente requería mucho más tiempo.

Todos los viajes podían ser peligrosos. Además de las tormentas, los navegantes se enfrentaban a la amenaza de los piratas. Los ladrones y bandidos acechaban en tierra. Además, los viajeros generalmente carecían de protección legal.

Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, la posibilidad de viajar permitió los desarrollos más significativos en la historia de la salvación y llegó a ser una de las principales metáforas de la vida cristiana en la Biblia (Heb. 11; 1 Ped. 1: 1). El viaje de Abraham a Canaán inició la formación de un nuevo pueblo. El traslado de Jacob a Egipto hizo posible que Israel se convirtiera en una nación numerosa. El regreso de Israel a Canaán le dio a Israel una patria. El extenso comercio durante el reinado de Salomón (1 Rey. 4: 34; 9: 26-28; 2 Crón. 9: 20-21) permitió difundir el conocimiento del Dios de Israel entre las naciones. De manera similar, los viajes constantes de Jesús y sus discípulos, según se registran en el Nuevo Testamento, hicieron posible la difusión del evangelio.

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Arriba: reproducción de la “Tabula Peutingeriana”. Fuente: Wikimedia

Casson, Travel in the Ancient World.

Meijer y van Nijf, Trade, Transport, and Society in the Ancient World: A Sourcebook.