USOS Y COSTUMBRES

Costumbres patriarcalesGénesis 24

Las costumbres sociales de la época patriarcal parecen extrañas y desconcertantes para los lectores actuales, sobre todo para aquellos que forman parte del mundo occidental. Sin embargo, la arqueología ha descubierto documentos y artefactos que ofrecen información sobre las prácticas sociales de los patriarcas hebreos.

En muchos casos, las costumbres de la época patriarcal reflejan las leyes mesopotámicas vigentes en tiempos antiguos, incluyendo las leyes del rey Urnammu de la tercera dinastía de Ur, las leyes de la ciudad-estado de Ešnunna, las leyes del rey Lipitistar, el Código de Hammurabi (uno de los conjuntos de leyes más importantes) y el Código Hitita. Además de las legislaciones, algunos documentos recuperados en Nuzi contienen informes sobre costumbres, prácticas de socialización, contratos, procedimientos administrativos y otros asuntos de la vida cotidiana similares a los que practicaban los patriarcas bíblicos.

Organización social. La unidad social prevalente en medio ambiente desértico era la tribu en torno a la que se unían los pastores nómadas que compartían la misma ascendencia. Esa estructura social tenía que ser suficientemente compacta para permitir la movilidad, pero tan fuerte como para asegurar su seguridad. Los miembros de las tribus obedecían a los gobernantes establecidos para garantizar tanto su unidad como su misma supervivencia. En general, los patriarcas bíblicos eran seminómadas, tenían mucho ganado y vivían en tiendas (Gén. 13: 18).

Distribución de la propiedad. Durante la época patriarcal, la gente procuraba asegurarse de que las propiedades (tierras, ganado y recursos materiales) se quedaran en la misma tribu, el mismo clan y la misma familia. El motivo principal era la creencia de que la tierra y sus recursos eran una concesión divina prometida a Abraham como confirmación del pacto hecho entre Dios y el patriarca (Gén. 12: 7; 13: 14-15). Por ende, la tierra era inalienable y transferible solamente dentro de la misma unidad tribal.

Una vez que Israel entró a la tierra de Canaán, fue distribuida entre las tribus por lote, como establecía la ley en esos tiempos (Núm. 26: 55). La palabra hebrea traducida variadamente como ‘suerte’ o ‘sorteo’ es goral, cuyo significado original era ‘piedra’ o ‘guijarro’. La expresión «echó suertes» (Isa. 34: 17) significaba ‘arrojar la piedra’ para realizar la distribución de la propiedad.

Quienes recibían la tierra entonces usaban columnas kudurru o pilas de piedra para definir las líneas fronterizas (Gén. 31: 51-52; Prov. 22: 28). Además, las tumbas de los ancestros, como la de Raquel (Gén 35: 20), también podían servir de estandartes fronterizos.

Transferencia de la propiedad. Uno de los objetivos importantes de la época patriarcal fue la conservación del nombre del patriarca mediante la herencia (Núm. 27: 3-4). El sistema de transferencia era patrilineal, es decir, que solamente el hijo varón recibía la herencia completa, como en el caso de Isaac (Gén. 25: 5); de ahí la necesidad de tener un heredero. Que la herencia de una familia se repartiera entre demasiada gente habría diluido los recursos familiares, hasta el grado de que no habrían alcanzado para que subsistiera. Por ende, distribuir tierra entre demasiadas personas habría significado que no todas habrían tenido suficientes recursos para sostener a una familia. Si el patriarca no tenía heredero legítimo, contaba con las siguientes alternativas: adoptar un heredero de la misma etnia, o algún varón nacido en su casa, o concebir hijos con una segunda esposa, incluso con una de sus criadas. La ley 145 del Código de Hammurabi explica que la esposa del patriarca habría tenido que considerar como suyos a los hijos nacidos de la criada y, en consecuencia, serían herederos apropiados. Un documento de Nuzi clasificado como HSS 67 explica que el hijo adoptado, o de la segunda esposa, cedería su sitio en caso de que el patriarca tuviera un hijo, como fue el caso de Ismael (Gén. 21: 10).

El derecho de nacimiento. Era costumbre otorgar privilegios especiales al primer hijo, práctica relacionada con el «pacto» que decretaba que todos los primogénitos pertenecían a Dios y, por extensión, los primogénitos de los animales (Éxo. 13: 2). El primogénito recibía como herencia ciertos derechos de servicios y propiedades. Esos derechos derivaban del poder para ejercer autoridad, promover la justicia y tomar decisiones importantes, aun las que eran de vida o muerte (por ejemplo, Gén. 38: 24).

El primogénito recibía «doble porción» de los recursos distribuidos entre los heredeors, práctica común entre las culturas mesopotámicas. Un documento de las ruinas de Nuzi, clasificado como HSS 19-46, revela el deseo de Zikanta de otorgar a su hijo mayor la «doble porción» de los campos, las haciendas, las ganancias y la propiedad entera. En algunos casos, la herencia separada para el hijo mayor podía concederse a algún otro con base en la voluntad paterna, como fue el caso de Jacob, que prefirió a su hijo José (Gén. 37: 3).

Matrimonio. Como los textos proféticos confirman (Isa. 54: 5; Jer. 31: 3), el matrimonio era una institución asociada también al pacto que Dios había establecido con Abraham. Era esencialmente una unión monógama, aunque podía darse la poligamia como solución al problema de la infertilidad. En ese caso, los patriarcas respetaban las leyes mesopotámicas que permitían el matrimonio con las criadas de sus esposas (Gén. 16: 1-2) o con alguna otra mujer, con el objetivo de producir descendientes, según la ley 145 del Código de Hammurabi referida anteriormente.

De preferencia, el patriarca elegía una esposa de la misma familia o el mismo clan (Gén. 24: 3-4), práctica conocida como endogamia. Después de elegir esposa, ambas familias celebraban el compromiso matrimonial, reconocido con el vocablo hebreo aras, seguido del pago por el valor de la esposa, llamado mohar, que era una cantidad que variaba entre 39 y 59 siclos de plata (Lev. 27: 3-4; Deut. 22: 29). Era posible sustituir el mohar con trabajo, como fue el caso de Jacob (Gén. 29: 18). Como parte de la dote, el padre del esposo concedía a la esposa una joven para que fuera su criada.

Ídolos domésticos. En la Biblia hebrea, la palabra traducida como «ídolos domésticos» es terafín; eran objetos antropomórficos relativamente pequeños, tal vez colocados detrás de la puerta o cerca de la misma. Los terafín se asociaban a los ancestros de la familia y representaban la propiedad como parte de la herencia. Raquel se llevó con ella los «ídolos de su padre» Labán, porque retuvo su herencia (Gén. 31: 14, 19). En los documentos de Nuzi, los «ídolos domésticos» son objetos de adoración y devoción.

Hospitalidad. Los nómadas consideraban que dar la bienvenida a los visitantes era una «virtud de la más alta estima». Durante una época en que no existían hoteles, restaurantes y otros recursos para el viajero, era difícil sobrevivir sin el apoyo de la hospitalidad. Su práctica enfatizaba dos principios morales: en primer lugar, el placer de satisfacer las necesidades físicas, como Lot para con los visitantes de Sodoma (Gén. 19: 2); en segundo lugar, la voluntad de servicio que demostró Lot al hacer invitaciones repetidas (vers. 3). Cuando recibían a un forastero, los hebreos se inclinaban ante él hasta tocar el suelo con el rostro.

Los patriarcas no se aislaban de sus comunidades contemporáneas. Compartían las normas culturales de su época, pero el llamamiento de Dios exigía que se distinguieran de los otros grupos de personas.