¿Es real el infierno?

Hay estudios que muestran que la mayoría de las personas religiosas creen en algún concepto sobre el cielo y el infierno. Ya sea que entiendan esos conceptos o no, la mayoría quiere evitar el infierno a toda costa. ¿Puede alguien culparles? El infierno se ve como un lugar en el que las personas son quemadas vivas para siempre. Este es el concepto predominante del infierno en la sociedad de hoy en día, pero no podría ser más falso.

¿Te has preguntado alguna vez qué tipo de Dios sentenciaría a alguien que vivió apenas diecisiete años a una tortura eterna? ¿Te suena esto a un acto de un Dios amoroso? Satanás quiere que creamos que Dios es arbitrario, malvado y vengativo. Nada más lejos de la realidad, como bien explica la Biblia.

La Escritura enseña que el infierno es real, pero el infierno de la Biblia no es para nada como el infierno de la imaginación popular. No es un lugar perpetuo, sino un acontecimiento puntual. El profeta Malaquías escribió que los malvados un día perecerán y se volverán humo (Mal. 4: 1, 3).

El apóstol Pablo escribió: «Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna» (Rom. 6: 23). La muerte es lo contrario de la vida, no es otra fase más del sufrimiento. Mientras Jesús describe a los salvos como los que reciben «la vida eterna», por el contrario, los malvados recibirán «el castigo eterno» (Mat. 25: 46); son los efectos del castigo lo que es eterno, no el castigo en sí mismo. Judas 7 describe las ciudades de Sodoma y Gomorra como «sufriendo el castigo del fuego eterno», pero sus fuegos se apagaron hace mucho tiempo.

Mientras unos creen que el infierno es el lugar donde Satanás reina, la Biblia dice otra cosa: «Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre» (Apoc. 20: 10). Satanás y sus malvados ángeles no escaparán del fuego que purifica la tierra. Pero, ¿se apagará alguna vez el fuego? La Palabra de Dios ofrece una respuesta clara a este punto.

Antes de contestar esta pregunta, debemos recordar algo importante sobre Dios: él no encuentra ningún placer en la muerte de los malvados (Eze. 33: 11). No quiere que nadie se pierda, sino que desea que todo el mundo se reconcilie con él (2 Ped. 3: 9). Cuando Dios decide destruir a los malvados en el fuego del infierno, no es posible que él quiera quemarlos para siempre. ¿Por qué? Él ha prometido hacer todas las cosas nuevas (Apoc. 21: 5). Juan, el escritor del Apocalipsis, vio un «cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado» (Apoc. 21: 1).

Si Dios permitiera que el infierno ardiera para siempre, entonces el pecado estaría presente eternamente. En lugar de eso, los malvados solo arderán hasta que sean consumidos y el pecado sea destruido. Su destrucción es un acto de misericordia, ya que la vida eterna en un universo sin pecado, centrado en el amor sin límites de Dios, sería una verdadera tortura para ellos.